Si tan solo soltáramos las ramas a las que nos aferramos con tanta fuerza. Si nos dejáramos caer para bailar con el viento en el camino, hasta que nos reciba, con cariño, ese suelo estable; permitiendo el florecer de historias nuevas, más verdes más reales.
Así, una y otra vez, porque el otoño siempre volverá.
Otoñar
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